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INTELIGENCIA EMOCIONAL

 

Si el gran objetivo de la inteligencia es la felicidad  hay que definirla como una capacidad práctica que sirve para que el ser humano se ajuste a la realidad y poder así resolver los problemas afectivos, sociales, los problemas que la vida le va presentando.  El fracaso de esta inteligencia conduce a la desdicha de las personas por eso es tan importante dejar de ver como única medida del éxito el concepto de inteligencia entendida como coeficiente intelectual (CI) y por tanto como el resultado de la evaluación académica de las personas. Este objetivo se alcanza centrando la atención en las capacidades emocionales, entre otras razones porque existe una clara evidencia de que las personas emocionalmente desarrolladas, es decir, las personas que gobiernan adecuadamente sus sentimientos, y asimismo saben interpretar los sentimientos de los demás y relacionarse efectivamente con ellos, disfrutan de una situación ventajosa en todos los dominios de la vida, desde el noviazgo y las relaciones íntimas hasta la comprensión de las reglas tácitas que gobiernan el éxito en el seno de las organizaciones. A la suma de estas capacidades de conocimiento de las propias emociones, del control de las mismas y de su utilización para motivarse a uno mismo, y la empatía para reconocer las emociones ajenas y poder relacionarse adecuadamente con los demás es a lo que se llama inteligencia emocional.
Ha quedado atrás el estrecho concepto de coeficiente intelectual (CI) en que se basa el sistema educativo, que en su mayor parte se dedica a preparar a los jóvenes para acumular conocimientos, que a lo sumo sirven para convertirse en profesor universitario. Parece evidente la necesidad de incluir en los programas de estudios la enseñanza de habilidades tan esencialmente humanas y tan relacionadas con la resolución de los problemas prácticos de la vida como el autoconocimiento, el autocontrol, la empatía y el arte de escuchar, resolver conflictos y colaborar con los demás.

1.-Existen varios tipos de inteligencia

El psicólogo Howard Gardner ha confirmado en sus investigaciones sobre la inteligencia que ya no es sostenible como determinante del éxito de las personas el único y monolítico concepto de inteligencia –el CI-. Es preciso acudir a una idea más realista que plantea la existencia de un amplio abanico de variedades distintas de inteligencia: además de la inteligencia “académica” -el CI-, se puede hablar de muchos otros tipos tales como la  inteligencia espacial propia de los arquitectos o de los artistas en general, la inteligencia kinestésica manifiesta en la fluidez y la gracia corporal, la inteligencia musical, la inteligencia emocional, etc.
Otro psicólogo de la Universidad de Harvard, Peter Salovey, ha completado el trabajo de Gardner, al haber relacionado nuestros sentimientos y la inteligencia, estableciendo con todo lujo de detalles el modo de aportar más inteligencia a nuestras emociones y concretando así la definición de inteligencia emocional.
Finalmente, otro psicólogo, que también enseñó en la Universidad de Harvard, Daniel Goleman, fue quien difundió entre el gran público este nuevo concepto mediante su bestseller,  INTELIGENCIA EMOCIONAL. Asimismo, conectó este concepto con los últimos avances de las investigaciones que se estaban llevando a cabo en el cerebro humano.

2.-La naturaleza de la inteligencia emocional

La inteligencia emocional consta por una parte de la inteligencia intrapersonal, clave para el conocimiento de uno mismo, que es la capacidad de establecer contacto con los propios sentimientos, discernir entre ellos y aprovechar este conocimiento para orientar nuestra conducta; por otra parte sobre los cimientos de la inteligencia intrapersonal se construye la inteligencia interpersonal que es la capacidad de discernir y responder apropiadamente a los estados de ánimo, temperamentos, motivaciones y deseos de las demás personas.

2-1.-La inteligencia emocional intrapersonal

La inteligencia emocional intrapersonal consta de tres aptitudes: el conocimiento de las propias emociones, el control de las mismas y la capacidad de automotivación.

-El conocimiento de las propias emociones es la capacidad de conocerse a uno mismo y de reconocer un sentimiento en el mismo momento en que aparece; constituye la piedra angular de la inteligencia emocional y el cimiento sobre el que se edifican otras habilidades como el autocontrol emocional y la automotivación. Este “conócete a ti mismo”, inscrito en el frontispicio del templo de Delfos, era la divisa de Sócrates. Este conocimiento de uno mismo se alcanza mediante la observación ecuánime y la atención a lo que nos sucede sin emitir juicios ni hacer valoraciones y por tanto sin reaccionar ante las propias emociones y estados de ánimo y ante los pensamientos que tenemos acerca de los mismos. Es el resultado de una dedicación y entrenamiento continuados.
Hay personas que con muy conscientes de sí mismas, otras que están atrapadas en sus emociones y otras que aceptan resignadamente sus emociones. Frente a las personas muy conscientes hay muchas otras que son incapaces de expresar con palabras sus propios sentimientos y sus emociones -se conocen como alexitímicas-; estas personas carecen de la habilidad fundamental de la inteligencia emocional, que no es otra cosa que el darse cuenta de lo que uno está sintiendo.
Esta toma de contacto con las propias emociones y sentimientos, es decir, el hecho de darles paso hasta el nivel consciente,  ofrece una vida emocional mucho más rica que favorece la toma de decisiones personales.
Al reconocimiento de las propias emociones y sus efectos podemos denominarle la conciencia emocional; al conocimiento de los propios recursos interiores, habilidades y límites le llamamos autovaloración precisa; y la certeza sobre el propio valer y facultades es la confianza en uno mismo.
 
-La capacidad de controlar las propias emociones o  dominio de uno mismo es la capacidad de afrontar los contratiempos que nos depara el destino y el cuidado e inteligencia en el gobierno de la propia vida. Es una habilidad básica que nos emancipa de la esclavitud de las pasiones y nos ayuda a mantener el equilibrio en la vida a pesar de los altibajos.
Llegar a dominar las emociones es fundamental para la vida pero constituye una tarea muy ardua que requiere una dedicación completa. Esta dificultad es la que hace que la mayor parte de nosotros seamos, en más o menos ocasiones, presa de pensamientos obsesivos que alimentan emociones como la ira, la ansiedad o preocupación, la tristeza, el miedo,…
Esta autorregulación comprende cinco aptitudes emocionales: el autodominio (mantener las emociones e impulsos perjudiciales bajo control); la confiabilidad; la escrupulosidad (aceptación de la responsabilidad del desempeño personal); la adaptabilildad (adaptación a los cambios); y la innovación (estar abierto y bien dispuesto para las ideas y los enfoques novedosos y la nueva información).

-La capacidad de motivarse uno mismoes el control de la vida emocional y la subordinación a un objetivo. Es fundamental para espolear y mantener la atención, la motivación y la creatividad. El autocontrol emocional —la capacidad de demorar la gratificación y sofocar la impulsividad— constituye un imponderable que subyace a todo logro.

Detrás de las emociones positivas está el optimismo, la esperanza, el entusiasmo y la confianza, que nos impulsan a ser emprendedores, a actuar de forma positiva ante las adversidades, siendo capaces de mirar siempre el lado bueno de la vida. Esta actitud positiva deja libre toda nuestra capacidad de atención, permitiendo dedicar toda nuestra capacidad a lo que estamos haciendo –más eficiencia- y a la vez nos permite disfrutar de lo que tenemos entre manos y sentirnos satisfechos con la vida, con nosotros mismos y con los demás; podemos alcanzar una situación de flujo, esa delgada línea entre aburrimiento y ansiedad en la que llegamos a perder la

noción del tiempo. En cambio, detrás de las emociones negativas intensas no controladas, tales como el enojo, la ansiedad o la depresión, está el pesimismo y la desesperanza que absorben grandes dosis de atención, que desconectan nuestras facultades y no alejan de la situación de flujo, y por tanto del la eficiencia y del disfrute de lo que estamos haciendo.
Lo que parece diferenciar a quienes se encuentran en la cúspide de su carrera de aquéllos otros que, teniendo una capacidad similar, no alcanzan esa cota, radica en la práctica ardua y rutinaria seguida a lo largo de años y años. Y esta perseverancia depende fundamentalmente de factores emocionales, como el entusiasmo y la tenacidad frente a todo tipo de contratiempos.
Se podría resumir en cuatro aptitudes: el afán de triunfo (ansia continua de mejora), el compromiso (alinearse con los objetivos de uno mismo o de un grupo u organización), la iniciativa (disposición a aprovechar oportunidades) y el optimismo (tenacidad para buscar el objetivo, pese a los obstáculos y reveses).

 

2.2.-La inteligencia emocional interpersonal

La inteligencia emocional interpersonal es la que determina la capacidad de manejar las relaciones sociales consta de dos aptitudes: la empatía y las habilidades sociales.
         -La empatía  es la capacidad de captar la experiencia subjetiva de los demás, es decir, sus  sentimientos, necesidades e intereses. Se erige sobre la conciencia de uno mismo, ya que cuanto más abiertos nos hallamos a nuestras emociones, mayor es la destreza que tenemos en la comprensión de los sentimientos de los demás. Más que una imitación física de los sentimientos ajenos con el fin de evocar sensaciones idénticas en uno mismo, es una sintonización que marca el ritmo de la relación. En cambio, la incapacidad de sintonizar con los sentimientos, tanto propios como ajenos, supone una carencia fundamental en al ámbito de la inteligencia emocional e implica un grave menoscabo de su humanidad, ya que la raíz del afecto sobre el que se asienta toda relación dimana de la empatía, de la capacidad para sintonizar emocionalmente con los demás.
La clave que nos permite acceder a las emociones de los demás radica en la capacidad para captar los mensajes no verbales (el tono de voz, los gestos, la expresión facial, etcétera) pero no debemos olvidar que uno sólo puede escuchar las emociones de los demás es necesario si dispone de un mínimo sosiego interior.
Como cuenta Daniel Goleman, la famosa frase de John Donne «nunca preguntes por quién doblan las campanas porque están doblando por ti», se dirige al núcleo del vínculo existente entre la empatía y el afecto, ya que el dolor ajeno es nuestro propio dolor, ya que sentir con otro es cuidar de él y, en este sentido, lo contrario de la empatía sería la antipatía.
La empatía implica comprender a los demás, ayudar a los demás a desarrollarse, una orientación hacia el servicio, aprovechar la diversidad y conciencia política.

-La habilidades sociales se asientan en la empatía y consiguen inducir en los demás las respuestas deseadas. Se expresan básicamente en la organización de grupos, la negociación de soluciones, las conexiones personales y el análisis social. También se puede hablar de otras aptitudes: la influencia consiste en la implementación de tácticas efectivas de persuasión; la comunicación es la habilidad de escuchar abiertamente y trasmitir mensajes convincentes; la habilidad de manejar y resolver conflictos y desacuerdos; el liderazgo, que consiste en inspirar y guiar a individuos y grupos; la habilidad de catalizar y manejar los cambios; la de establecer vínculos y alimentar relaciones instrumentales; la colaboración y cooperación, que es la capacidad de trabajar con otros para alcanzar objetivos compartidos;  y la habilidad del trabajo en equipo, que crea sinergia en la búsqueda de metas colectivas.
En palabras de Daniel Goleman, “el conjunto de todas estas habilidades constituye la materia prima de la inteligencia interpersonal, el ingrediente fundamental del encanto, del éxito social e incluso del carisma. Las personas socialmente inteligentes pueden conectar fácilmente con los demás, son diestros en leer sus reacciones y sus sentimientos y también pueden conducir, organizar y resolver los conflictos que aparecen en cualquier interacción humana. Ellos son los líderes naturales, las personas que saben expresar los sentimientos colectivos latentes y articularlos para guiar al grupo hacia sus objetivos. Son el tipo de personas con quienes a los demás les gusta estar porque son emocionalmente nutricios, dejan a los demás de buen humor y despiertan el comentario de que «es un placer estar con alguien así».
Estas habilidades interpersonales propician el desarrollo de otras facetas de la inteligencia emocional. Las personas que causan una excelente impresión social, por ejemplo, son expertas en controlar la expresión de sus emociones, son especialmente diestras en captar la forma en que reaccionan los demás y son capaces de mantenerse continuamente en contacto con su actividad social y de ajustarla para conseguir el efecto deseado. En este sentido, son actores especialmente habilidosos”.

 

Podríamos decir que, además de la empatía como substrato necesario, los elementos principales que componen la inteligencia emocional son los siguientes:
-La organización de grupos: la habilidad esencial de un líder consiste en movilizar y coordinar los esfuerzos de un grupo de personas. Esta es la capacidad que se detecta en las personas que están al frente de organizaciones formales –cualquier tipo de organización ya sea pública o privada- y también de aquellas personas que dirigen grupos informales –el líder de un grupo del tipo que sea-.
-La negociación de soluciones: el talento de los mediadores consiste en impedir la aparición de conflictos o en solucionar aquéllos que se declaren. Las personas que presentan esta habilidad suelen descollar en el mundo de los negocios, en el arbitrio y la mediación de conflictos y también pueden trabajar como intermediarios o como consejeros de empresa. También actúan como tales en los grupos informales.
-Las conexiones personales: esta habilidad también se asienta en la empatía y favorece el contacto con los demás, facilita el reconocimiento y el respeto por sus sentimientos y sus intereses y permite, en suma, el dominio del sutil arte de las relaciones. Estas personas saben «trabajar en equipo» y suelen ser consortes responsables y buenos amigos o compañeros de trabajo; en el mundo de los negocios son buenos vendedores o ejecutivos y también pueden ser excelentes maestros. Esta misma habilidad se muestra en los grupos informales.
-El análisis social: esta habilidad consiste en ser capaces de detectar e intuir los sentimientos, los motivos y los intereses de las personas, un conocimiento que suele fomentar el establecimiento de relaciones con los demás y su profundización. Quienes disponen de esta capacidad pueden llegar a ser terapeutas competentes o consejeros psicológicos o bien ser escritores muy dotados.
Pero, estas habilidades interpersonales no pueden subsistir sin las intrapersonales; estas últimas son el cimiento de todo el edificio emocional y si no es así todo el edificio se derrumba; lo que aparentemente es éxito social, no es sino camaleonismo social o pura apariencia, totalmente falto de autenticidad que tarde o temprano es descubierto y desaparece por su artificialidad.

 

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